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jueves, 24 de noviembre de 2016

¿Qué os parecería que con 16 años se pudiera votar?


En el Congreso de los Diputados por segunda vez se ha debatido sobre esta materia en apenas seis meses (la primera, en la legislatura fallida, salió a favor, y el martes, en contra por sólo cinco votos). Pero ¿es verdad que los menores de 16 y 17 años son inmaduros, influenciables y manipulables?, ¿son argumentos válidos para permitirles, o no, votar?

Hace una década, el Ayuntamiento de Sevilla pidió a expertos de reconocido prestigio un informe sobre esta cuestión, porque había propuesto extender el derecho al sufragio en las elecciones locales a los jóvenes de 16 y 17 años. Entre ellos, figuraban el filósofo y pedagogo José Antonio Marina y la profesora titular de Derecho Civil de la Universidad Complutense María de la Vágoma. La conclusión de ambos es clara: la propuesta “es viable porque a esa edad los adolescentes tienen las capacidades intelectuales, afectivas y volitivas requeridas para actuar responsablemente”. Y sigue: “Las cautelas acerca de su vulnerabilidad emocional o de su desconocimiento de asuntos políticos no pueden ser tenidas en cuenta, porque aceptarlas supondría tener que revisar la capacidad emocional y de información de todos los votantes sea cual sea su edad”.

Argumentos a favor
  • A partir de los 16 años los jóvenes tienen algunas responsabilidades y algunos derechos de adultos. El derecho a votar debería ser uno de ellos.
  • Los jóvenes pueden trabajar, pagan impuestos, viven bajo la ley, luego deberían votar. Serviría, pues, para armonizar la legislación sobre la adolescencia.
  • Al hacerles sentir que pueden decidir sobre cosas que afectan a su vida, los jóvenes sentirían más interés por la política.
  • Al tener que contar con su voto, los políticos cuidarían más los intereses de los jóvenes.
  • Los 16 años son mejor edad para introducir el voto que los 18, porque a esa edad los jóvenes están todavía enraizados en su comunidad y más concernidos por el voto que dos años después.
  • Los jóvenes tienen una perspectiva única sobre aspectos sociales y de la vida cotidiana, que conviene tener en cuenta.
  • Reducir la edad del voto a los
  • 16 años es una gran oportunidad para que los nuevos votantes puedan recibir una formación política, ya que todavía están dentro del sistema educativo.
  • Los programas para fomentar la participación política de los adolescentes se verían favorecidos. En todo el mundo existe una gran preocupación por la socialización de los adolescentes.

 Argumentos en contra

  • A los 16 años se es demasiado joven para ser emocionalmente objetivo, y por lo tanto se es psicológicamente vulnerable.
  • Los jóvenes son incapaces de tomar decisiones políticas responsables porque carecen del conocimiento político necesario.
  • Los jóvenes son muy vulnerables a las influencias.
  • El voto de un joven puede comprarse fácilmente.
  • Los adolescentes tienden a tener una perspectiva temporal corta, se interesan más por las consecuencias a corto término que por las consecuencias a largo plazo, lo que políticamente es peligroso.
  • Los adolescentes tienen menos conciencia del riesgo que los adultos y parecen calcular los beneficios y los riesgos de forma distinta.
  • La investigación existente sugiere que los adolescentes son más impulsivos que los adultos y están sometidos a cambios bruscos de humor.
  • Los jóvenes no están interesados en tomar decisiones políticas. Si pocos jóvenes de 18 años votan, con más razón dejarán de votar los de menor edad.
  • El voto joven podría proponer iniciativas peligrosas.
  • Mantener el voto a los 18 años no supone ningún perjuicio a los menores de esa edad, ni a la sociedad, por lo que no es sensato cambiarlo.
  • Algunos autores temen que reducir la edad de los votantes colabore a la tendencia a reducir la edad penal y a disminuir la autoridad de los padres.
Fuente: La Vanguardia